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poema aeronáutico II
otros verán el mar
la soledad del sueño
encenderán nuevos nombres
viajes felices al extremo de la mañana
(…)
¿qué vida retendrás mientras tanto
qué esperanza dirás todavía
en la calle o el bosque renacido
en qué rostro o amor revivirás tu viaje?
Edgar Bayley
I
altura de crucero
qué súbito chasco cuando la muy perra
asomó dentro de la escena más temible allí
en el terror de estar empezando la muerte
siempre te dijeron que habría Esperanza
un día en el que nadie te despide
ni te abraza nadie ni te hablan
volás
y el ácido y el pánico partieron
jurarías que cualquier velocidad
es la pura lentitud
te vas y como vos
la máquina imponente es una hormiga triste
fatigada de tanto cielo
ser h descansando como h
se va el aire porque exhalo
halo ya no tenemos
qué empequeñecidos quedamos frente a la letra
esta aptitud de vivir como estoma abierto
en el envés de una hoja verde
quiere decir que aquí arriba
se cumple el cometido por el que vinimos
al mundo al mundo de ahí abajo
los negocios distraen a casi todos
de los eminentes puntos líneas y figuras
una geometría silenciosa
que desde el suelo ordena los destinos
por eso a casi otros les da por
prestar muchísima atención
a alguien
le tembló el pulso al trazar una línea de espuma
son simplemente las arrugas y los granos del planeta
lo grande no se calma ni le alcanza ni le teme
al desafío óptico que resultará
mondrian
se estuvo divirtiendo sobre el lienzo de los campos
le vendo a christie’s la idea de sacar una foto
de estos cuadraditos de diferentes verdores y subastarla
farfullan las turbinas como
cuadrillas de obreros sanos y tranquilos
juraría que cualquier velocidad
es la pura lentitud
II
pasajero en tránsito
qué manía de observar
que va a requerir
tanto vocabulario
y acertadas calificaciones
desfilan con maletitas de diseño
y dejan al asombro
sin modificaciones ni resolución
cómo debe deslizarse alguien
que nunca se eleva
por los mármoles impolutos de un aeropuerto internacional
mórbidamente como artistas demandados por bienales
entusiastas como los turistas que se llevan de paseo
o imitando la prestancia apresuradamente ejecutiva
nanay un gran espejo recita aquel célebre poema
camina echada hacia delante
como intentando la precariedad del mono
la gran biblia de las horas tontas
antes del embarque
III
llegada o turbulencia
qué asusta más
venirse abajo de cómo se mueve
o moverse tanto dentro de otro movimiento
ante el que Zenón no osase oponer aporías
qué asusta más
saberse traspasando el tiempo
o que el tiempo presurizado caiga como gotas
holgazanas dentro de lo vertiginoso
pero no se viene abajo
y por mucho que se movió
no se vino abajo
no tocaba hoy catástrofe aérea
hoy es otro día de semana
y ahí está ahí quedó todo
el horario está la mugre
la autopista vena abierta está el barrio
la cana está mucho tacho yirando
el desconcierto el arrebato los amores
la lágrima somera
la aprensión por el vacío
la vorágine de la borrasca
Gabriela Alia Botbol
(para lectores no argentinos: la cana, la policía; mucho tacho yirando, muchos taxis dando vueltas)
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